Hace tiempo que leo en libros y artículos que el amor tiene una caducidad de tres o cuatro años, también que los trabajadores suelen cambiar de empresa en ciclos de cuatro años.
Antes te casabas para toda la vida, ahora no siempre es así.
Antes trabajabas en una empresa para toda la vida, ahora casi nunca es así.
¿Nos desenamoramos de nuestro trabajo como de nuestras parejas?
Siguiendo el parelelismo pareja/trabajo, al principio todo son novedades e ilusión. No ves los defectos del otro, sólo sus virtudes. La rutina, la falta de comunicación y los reproches pueden hacer que en ambos casos te replantees la relación y busques cosas nuevas. Quizás te has sentido engañado o esperabas más, quizás has sido tú quien que ha defraudado y no te has dedicado lo suficiente.
Quizás estás en un proyecto que ahora no te gusta, como en las crisis de pareja, puede ser sólo un bache en tu relación laboral. Tienes que valorar si vale la pena. Plantearte como has llegado a la situación, si puedes aprovechar para aprender y seguir adelante juntos ,o no hay reconcialiación y cada uno por su lado.
Algunas personas conformistas ‘estan’ con su pareja, como ‘van’ a trabajar, no hay entusiasmo, tampoco es que estén sufriendo, pero no se arriesgan a ver que hay fuera. ¿Si podemos tener ‘la felicidad’, porque conformarnos con menos?
En la otra cara de la moneda, podemos encontrar personas inconstantes o insatisfechas que cambiarán constantemente de trabajo o pareja, bien porque no saben lo que quieren, bien porque mantener una relación también requiere esfuerzo.
Lo positivo de estos tiempos inciertos es que tienes la posibilidad de escojer, al menos de tomar la decisión, aunque con la maravillosa crisis quizás no puedas ejecutarla todavía